El cacao vive su tormenta perfecta: producción en caída libre, precios disparados y una industria chocolatera al borde de la reinvención. En este escenario, América Latina emerge no como un simple suplente, sino como el nuevo epicentro de un mercado global en transformación.
África Occidental, histórica potencia cacaotera, enfrenta pérdidas del 30% en 2024 por el “virus de la vaina negra” y envejecimiento de cultivos. Esto ha creado un déficit de 230.000 toneladas, elevando los precios a USD 11.241/TM, según ICE Futures. Mientras tanto, Ecuador, Perú y Brasil aprovechan la coyuntura: el primero aumentó sus ventas a la UE un 200%, Perú duplicó su producción en cinco años, y Brasil recupera su legado con clones de cacao resistentes a plagas en Pará.
La industria responde con innovaciones radicales: Nestlé redujo un 15% el uso de manteca de cacao en sus tabletas, sustituyéndola con aceite de girasol alto oleico, mientras que startups como Koa (Ghana) procesan la pulpa del cacao para bebidas funcionales, un mercado que crecerá un 25% anual hasta 2030.
La crisis del cacao es, en realidad, una reinvención. América Latina tiene la oportunidad de liderar no solo en volumen, sino en prácticas disruptivas. El futuro no pertenece a quienes producen más, sino a quienes integran resiliencia climática, tecnología y mercados emergentes.